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Socialismo en el espacio

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imagen Kaye L Pac

El 8 de septiembre de 2016 se celebró el cincuenta aniversario de ‘Star Trek’. Son muchos los que ven la longeva serie clásica de ciencia ficción como una visión de una sociedad post-capitalista. George Martin Fell Brown examina ‘Star Trek’ y el socialismo.  English

La serie original ‘Star Trek’, creada por Gene Roddenberry, narraba los viajes de la nave estelar Enterprise en su misión de “explorar nuevos mundos extraños, descubrir nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones y, despreciando el peligro, ir donde nadie ha ido antes”.
Desde entonces se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción, con cinco series dramáticas, una serie de animación para niños, 13 películas e innumerables libros. Estableció el modelo para posteriores producciones de ciencia ficción y creó un apasionado fandom. Y, además, sirvió de puerta de entrada a las ideas socialistas.
Surgida durante la Guerra Fría y en pleno movimiento por los Derechos Civiles, Star Trek pretendía mostrar una nave estelar con una tripulación multirracial, incluyendo tripulantes negros, asiáticos y rusos. La Humanidad misma es solo una parte de la “Federación de Planetas Unidos”, que incluye una variedad de especies alienígenas, cada una con su propia cultura, pero que trabajan juntas por el bien común.
A pesar los grados militares de los personajes, la tripulación se aventura en el espacio con el propósito de la exploración pacífica. Y están guiados por una “Primera Directiva” que impide intervenir para imponer sus ideas sobre sociedades en desarrollo. La serie se retransmitía mientras las audiencias contemplaban los horrores de la intervención imperialista de los Estados Unidos en Vietnam.
Los spin-off posteriores llegaron durante un periodo de neoliberalismo y triunfalismo capitalista, desde la era de Reagan y Thatcher hasta la de Bush y Blair. Para aquellos que crecieron con el mensaje de “no hay alternativa al capitalismo” supuso una apertura de ojos escuchar al capitán Picard, de ‘La Nueva Generación’, declarar que, en su mundo, “la adquisición de riqueza ya no es la fuerza motriz de nuestras vidas. Trabajamos para mejorarnos a nosotros u al resto de la humanidad”.

¿Socialismo en el espacio?
El creador de Star Trek, Gene Roddenberry, tenía la creencia de que “el muy denostado hombre común tiene un enorme hambre de hermandad” y podría “superar muchas creencias mezquinas que han mantenido a la humanidad dividida durante mucho tiempo”. El mundo que describe está libre de fanatismo y pobreza, la abundancia ha convertido al dinero en innecesario y las diferencias de clase han sido abolidas. Los personajes nunca usan las palabras “socialista” o “comunista” para describir su sociedad, pero eso es lo que su sociedad es.
El deseo de Roddenberry de una sociedad mejor para la humanidad es compartida por los marxistas y por otras innumerables ideologías. La cuestión es, usualmente, cómo superar esas básicas, mezquinas creencias y satisfacer aquella “hambre de hermandad”.
¿Era ésta alcanzada a través de la reforma o de la revolución? ¿Lucha o colaboración de clases? ¿Acción colectiva de las masas, el genio de una brillante individualidad o la consecuencia objetiva del desarrollo tecnológico? Roddenberry obvió estas cuestiones en su mayor parte, situando la serie después de que la sociedad se haya transformado.
Los vistazos al pasado se limitan a referencias pasajeras y a algún ocasional episodio de viaje en el tiempo. Sabemos que hubo un periodo de guerras y genocidios, durante el que murieron millones, la pobreza y la miseria eran comunes, incontables “magistrados” presidían cortes de justicia itinerantes y el “Ejército de la Tierra” controlaba a sus soldados mediante drogas.
Sabemos que un momento decisivo vino en 2024. Un gobierno neo-Trotskista subió al poder en Francia. Disturbios en San Francisco llevaron a una significativa reforma política (aunque en realidad los disturbios son más a menudo una excusa para la represión estatal) que lleva a una organización política más seria para obtener reformas. La lucha armada de los republicanos irlandeses unifica Irlanda, a pesar, una vez más, de que el terrorismo del IRA ha demostrado ser un callejón sin salida.
La continuidad se vuelve completamente incoherente a partir de aquí. Pero, en 2063, los humanos desarrollan la tecnología para viajar más rápido que la luz y los Vulcanianos nos introducen en su pacífico, lógico, ideal socialista en el que “las necesidades de la mayoría tienen más peso que las necesidades de la minoría”.
Aunque la Federación de Star Trek era una sociedad cuasi-socialista, Roddenberry no era socialista y, definitivamente, no era un marxista. Era un liberal secular humanista, aunque más optimista que otros sobre el potencial de la humanidad para cambiar.
La serie original traspasó las fronteras de la cultura popular de los años 60, pero a menudo se quedó rezagada respecto a la cada vez más radicalizada contracultura de la época. Hubo incluso un episodio que se burlaba de los hippies y otro, escrito por Roddenberry mismo, que cantaba elogios de la bandera americana y del Juramento de Lealtad.
Aún así, Star Trek presentaba una visión que mantenía la suficiente vaguedad como para agradar tanto a marxistas como a liberales. El alto grado de socialismo en el mundo de Star Trek incluso generó escepticismo entre las otras mentes creativas tras la serie.
Ronald D. Moore, que escribió para ‘Star Trek: la Nueva Generación’ y fue el productor ejecutivo de ‘Espacio Profundo Nueve’, explicó su desacuerdo: “Gene había declarado que el dinero no existe en la Federación, ni tampoco los ‘créditos’, y eso era todo. Personalmente, yo siempre pensé que eso eran un montón de tonterías, pero esas eran las reglas y ero era todo.”

Narración utópica
Fuera o no Gene Roddenberry un socialista consciente, Star trek sirve como ejemplo de ciencia ficción ‘utópica’. Esto significa la representación consciente de una sociedad futura que ha resuelto todos o la mayoría de los problemas a los que nos enfrentamos ahora. La ficción utópica no se corresponde necesariamente con la utopía política, que implica la voluntad de acabar con el Capitalismo mediante la creación de argumentos morales o lógicos contra la clase capitalista, a menudo construyendo modelos de sociedades ideales, como islas dentro del capitalismo.
La mayoría de la ciencia ficción actual rehúye de la narración utópica. Tenemos distopías militaristas, infiernos post-apocalípticos o mundos que son simplemente como el actual pero con coches voladores. Esto puede reflejar el escepticismo de un autor respecto a las posibilidades del socialismo, una tendencia que el retroceso político de los últimos treinta años puede exacerbar.
Pero también refleja la creencia de que una ambientación utópica impide el conflicto necesario para establecer la acción dramática. Incluso los autores anticapitalistas de ciencia ficción suelen preferir escribir sobre distopías capitalistas que sobre una utopía socialista. Esto tiene desafortunado efecto de que mucha de la ciencia ficción anticapitalista es innecesariamente pesimista.
Algunas de la mejores historias de Star Trek utilizaban su ambientación utópica para una plantear una forma diferente de narración. Podía haber nuevas fuentes de conflicto y viejos conflictos podían ser resueltos de nuevas maneras.
Uno de los episodios de la serie original era ‘el demonio en la oscuridad’. Este episodio, sobre un monstruo espacial que aterroriza a un grupo de obreros espaciales matándolos uno a uno, debería sernos familiar. Es el mismo argumento que ‘Alien’ (1979), una brillante obra de ciencia ficción anticapitalista por derecho propio. Pero ‘Alien’ sitúa su monstruo en una distopía capitalista. El conflicto resultante se resuelve de maneras completamente diferentes. En ‘Alien’ es una cuestión de simple supervivencia. En ‘el demonio en la oscuridad’, se plantea la posibilidad de que el monstruo pueda ser comprendido, e incluso se pueda razonar con él.
Los críticos con el socialismo a menudo acusan a los socialistas de que tenemos todas las respuestas. El socialismo, en realidad, al responder a las grandes cuestiones de hoy, abre un gran abanico de nuevas preguntas que ni siquiera se han bajo el capitalismo.
La mejor serie para abordar estas cuestiones es ‘La Nueva Generación’. En ella vemos, por ejemplo, cómo la serie plantea la “Primera Directiva”, el principio según el cual la Federación no debe intervenir con ninguna especie alienígena que no haya desarrollado el viaje más rápido que la luz. Al mismo tiempo que se elimina la posibilidad de crear drama a través de una intervención imperialista, se plantean nuevos dilemas éticos cuando estas civilizaciones se ven amenazadas por desastres naturales u otras fuerzas. Como tal, el principio fue objeto de burla por una parte de los fans (y por las películas más recientes).
Pero ‘La Nueva Generación’ planteó la cuestión como un serio dilema ético. Estos dilemas nunca se plantearon durante el impulso inicial imperialista del capitalismo para apropiarse de esclavos y colonias. Incluso ahora, el periodo de las guerras imperialistas por recursos y prestigio del capitalismo tardío, apenas son tenidos en cuenta.
Es incluso mejor cuando la serie usa las posibilidades de la tecnología y del cambio social plantear cuestiones fundamentales sobre qué significa ser humano.
En el episodio ‘La medida de un hombre’, el androide Data es obligado a defender su propia humanidad ante un admirante escéptico. En ‘Darmok’, la federación se enfrenta a una raza alienígena, los Tamarianos, que se comunican exclusivamente mediante metáforas que solo los demás Tamarianos pueden entender. En ‘la luz interior’, una sonda espacial fuerza al capitán Picard, durante un periodo de 20 minutos, a vivir una vida entera a través de la mente de un alienígena en un mundo moribundo. Ninguno de estos argumentos desafía el status quo actual, pero apuntan a nuevas vías por las que podemos avanzar si vamos más allá del status quo.

La humanidad a juicio
Mientras que Star Trek era muy hábil planteando nuevas ideas desde su ambientación utópica, la técnica tradicional de las ficción utópica es usar el “futuro mejor” para comentar las injusticias del hoy. Por ejemplo, la novela de Edward Bellamy ‘Looking Backward’ (1888) y la de William Morris ‘News from Nowhere’ (1890) presentan a personas del presente que se maravillan ante las sociedades utópicas que visitan y pueden apreciar mejor los problemas de su propio tiempo.
El primer episodio de ‘La Nueva Generación’ fue un paso más allá, en el que un alienígena casi divino, ‘Q’, somete a la humanidad a juicio por ser “una raza tremendamente salvaje”. La tripulación de Enterprise debe reconocer los crímenes del pasado de la humanidad (nuestro presente) mientras defiende que cambiar puede ser posible.
Más a menudo, la serie hace uso del “ir allí donde no ha ido nadie antes”, permitiendo a la Federación encontrar constantemente nuevas fuerzas que representan los peores aspectos de la humanidad actual.
Más tarde la serie llevó aún más allá esta aproximación. ‘Espacio Profundo Nueve’ se centraba en una estación espacial de la Federación que entablaba relaciones diplomáticas con otras fuerzas. En ‘Voyager’ veíamos una nave espacial de la Federación perdida en el otro extremo de la galaxia. Y ‘Enterprise’ era una precuela ambientada antes de que la Federación fuese fundada. Todo esto proveía a nuestros exploradores socialistas de un completo elenco de señores de la guerra, espías, gangsters y fanáticos.
En estos episodios, son nuestros héroes los que juzgan a estos representantes de nuestra sociedad presente. Afrontan cuestiones como el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia y la intolerancia religiosa con desigual resultado.
Uno de los episodios de Star Trek que más burlas despertaron fue “Que ése sea vuestro último campo de batalla”, un episodio de la serie original cuyo mensaje habla sobre las maldades del racismo. Muestra la lucha entre dos miembros de una raza alienígena que es medio blanca y medio negra. Nadie de la tripulación de la Enterprise puede entender por qué pelean, hasta que uno de ellos finalmente explica su odio por el otro: “Yo soy negro por el lado derecho… Todos los suyos son blancos por el lado derecho”.
Esto muestra el lado más débil de la visión de Roddenberry y demuestra claramente que no era marxista. Se acepta que el racismo es malo, pero no se aporta ninguna reflexión sobre las fuerzas sociales que llevan al racismo. No hay una historia de guerra o de esclavitud o represión. Los dos alienígenas son racistas simplemente porque sostienen puntos de vista racistas. Así, mientras el racismo es condenado, debe ser combatido mediante ceguera al color o, en este caso, dislexia.
Hay un problema aún más profundo, varias razas alienígenas en Star Trek que tienden a encarnar una cualidad única de la humanidad: los Vulcanianos son fríos y lógicos, los Klingons son aguerridos, los Borg son conformistas y absorbentes, los Ferengi son capitalistas. Este último es un caso particularmente extraño, ya que el capitalismo no puede funcionar sin trabajadores que explotar, así que una raza de capitalistas no parece tener mucho sentido. Y, demasiado a menudo, el juicio de razas alienígenas que representan vicios de la humanidad parece menos condenar a la sociedad y más condenar simplemente a los demás.
Pero, a medida que la franquicia de iba desarrollando, algunas de las razas recurrentes fueron desarrolladas simplemente por necesidad. Si quieres contar una historia sobre una huelga, no va a funcionar en la utopía sin clases sociales de la Federación. Afortunadamente, tenemos a los Ferengi, una raza devota del capitalismo. Así se obtiene un episodio como “Huelga en el bar”, de ‘Espacio Profundo Nueve’. Pero una vez que tienes una huelga, necesitas trabajadores para ir a la huelga, por lo que debe haber trabajadores Ferengi. En este punto, la concepción original de los Ferengi como una raza de capitalistas no puede seguir aplicándose.
En lugar de eso, los Ferengi se convierten en una raza esclavizada por un enraizado sistema capitalista que otros Ferengi pueden desafiar. La Federación, en lugar de reprender a los Ferengi por su avaricia, apoya a los trabajadores en su huelga.
Ronald D. Moore, productor ejecutivo de ‘Espacio Profundo Nueve’, se especializó en esta clase de situaciones y las convirtió en un rasgo de esa serie. Con la acción confinada a una estación espacial, fue capaz de centrarse mucho más detalladamente en un limitado número de razas alienígenas. El primer gran foco es el conflicto entre los militaristas Cardassianos y los profundamente religiosos Bajoranos, un remedo del conflicto Israel-Palestina presentado por primera vez en ‘La Nueva Generación’. Después se nos presenta el ‘Dominio’, una contrapartida oscura de la Federación, adicta a la conquista imperial y regida por un rígido sistema de castas.
Durante el transcurso de la serie estas sociedades, junto a nuestros viejos conocidos Klingon y Romulanos (y otros no tan favoritos como los Ferengi) se fueron desarrollando desde abstracciones de características actuales de la humanidad hasta sociedades gobernadas por estructuras sociales actuales. Al final de la serie el gobierno Ferengi instituye reformas como un impuesto sobre la corrupción, mientras que los Cardassianos, antagonistas centrales durante toda la serie, llevan a cabo una revolución contra su propio gobierno.
Todo esto fue dirigido por el mismo Ronald D. Moore que ridiculizaba la visión socialista de Roddenberry como “un montón de tonterías”. Pero a la hora de manejarse con remedos alienígenas para problemas presentes de la humanidad, superó a Roddenberry, demostrando que incluso podían ir más allá de sus mezquinas creencias.

La visión versus lo esencial
Star Trek era la visión de Gene Roddenberry, pero era también una franquicia televisiva bajo un sistema de estudio capitalista. El conflicto entre arte como arte y arte como mercancía es un problema recurrente en el capitalismo y este problema se magnifica en una serie de larga duración.
La serie estuvo a punto de no ser estrenada nunca cuando cadena NBC rechazó el capítulo piloto por ser “demasiado cerebral” y forzó que se enfocara más a la acción. A lo largo de su historia, hubo un constante tira y afloja entre la visión de Star Trek de una humanidad mejor y la búsqueda de beneficios de los estudios. El resultado fue una serie que se adelantó a su tiempo.
Aunque Star Trek estuvo acertada desde el primer momento mostrando el racismo como una cosa del pasado, tuvo más problemas con el sexismo.
Las cosas eran más igualitarias en el episodio piloto, ‘La Caja’. Pero, después de la intervención del estudio, las mujeres fueron relegadas a posiciones subordinadas, y les dieron uniformes con diminutas minifaldas. Esto provocó uno de los forcejeos más graciosos entre Roddenberry y el estudio. Cuando empezó ‘La Nueva Generación’, el reparto principal aún tenía uniformes diferentes según su género, con trajes para los hombres y minúsculas minifaldas para las mujeres. Pero Roddenberry insistió que, puesto que la Federación había superado el sexismo, los extras deberían incluir mujeres con traje y hombres con minifalda. Esto duró tres temporadas hasta que el estudio se avino a eliminar las minifaldas por completo.
Hubo otro tira y afloja entorno a la cuestión LGBT. Aunque la serie realizó unos cuantos episodios con alegorías sobre la homofobia y la transfobia, hubo una larga batalla con los ejecutivos para incluir personajes LGBT. Rick Berman, que fue productor ejecutivo de las últimas series, fue tan lejos como para bloquear la producción de un episodio de ‘La Nueva Generación’ que mostraba una alegoría sobre el VIH-Sida, y para hacer un comunicado de prensa desmintiendo teorías de los fans de que un personaje menor de una de las películas era gay.
El primer personaje LGBT de la serie, la teniente Dax de ‘Espacio Profundo Nueve’, fue un ejemplo perfecto de todo este tira y afloja. Ella pertenece a una especie llamada “Trill, que sirve de organismo huésped a una especie simbiótica que transfiere memorias y personalidades de anteriores huéspedes. Mientras que Dax tiene relaciones románticas tanto con hombres y mujeres, sus relaciones homosexuales son presentadas como iniciadas por un huésped masculino anterior.
La serie sufrió continuamente bajas calificaciones y el resultado fue una drástica intervención del estudio. ‘Espacio Profundo Nueve’ fue obligada a reinventarse a sí misma, con la incorporación de nuevos personajes y cambiando su premisa, con la esperanza de mejorar las calificaciones. Los guionistas hicieron todo lo que pudieron con lo que tenían, pero no fue suficiente. Los ejecutivos consideraron ‘Espacio Profundo Nueve’ como “demasiado oscuro” y crearon ‘Voyager’ para iluminar las cosas, hasta el punto que a veces parece una serie infantil.
Cuando llegó ‘Enterprise’, el estudio quiso atraer nuevos espectadores escondiendo su conexión con el resto de Star Trek. Las palabras “Star Trek” fueron eliminadas del título de la serie. Los créditos de apertura iban acompañados de una canción pop en lugar de música orquestal. La serie empezó a confiar regularmente en los viajes en el tiempo como una manera fácil de explicar los errores de continuidad. Y, en un desesperado intento de introducir elementos “sexy”, fue ideada una “cámara de descontaminación” donde los personajes podrían eliminar “contaminantes” quedándose en ropa interior y enjabonando con “gel de descontaminación” los cuerpos de sus compañeros.
Este proceso culminó con las nuevas películas. Comercializada como “no el Star Trek de tus padres”, la dirección creativa fue encomendada al guionista de ‘Armageddon’ J.J. Abrams, que despreció abiertamente la serie de televisión porque “siempre me pareció demasiado filosófica”. Los beneficios llegaron a costa de un giro hacia el cine de acción. Chris Pine, que interpreta al nuevo capitán Kirk, lo explicó en términos estrictamente capitalistas: “no puedes hacer un Star Trek cerebral en 2016. Simplemente no funcionaría en el mercado actual”. Con lo que podríamos decir que el tira y afloja se ha terminado y los malos han ganado.
Si el Star Trek de hoy ha sucumbido a las presiones del “mercado actual”, por lo menos nos quedarán los 50 años de historia de la serie. Apunta a la posibilidad de crear un mundo mejor, uno por el podemos luchar ahora, aunque no usemos los métodos utópicos que Roddenberry tenía en mente. Un mundo donde tendremos nuevas cuestiones sobre las que reflexionar, y en el que el capitalismo, el imperialismo, el fanatismo y las presiones del “mercado actual” serán reliquias pintorescas de una era pasada.

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